Miraflores no es un mercado
CONTRA LA OPINIÓN EXPRESADA por 27 mil vecinos de Miraflores en defensa del carácter residencial de su distrito, la Municipalidad Metropolitana de Lima acaba de dar un tiro de gracia al derecho de vivir en paz y orden con la Ordenanza 983 que modifica gravemente la zonificación y abre las puertas a 3.600 actividades económicas en sus predios.
¿En qué quedó la soberanía vecinal? Se entiende que corresponde al concejo metropolitano velar por el orden y concierto urbano de la capital, como es el caso de la asignación de rutas del transporte urbano. Pero decidir en qué calles está permitido hornear tortas o hacer velas, cuando se trata de una responsabilidad distrital, revela una desafortunada intromisión de la comuna metropolitana que debe corregirse. Además, sorprende que se invoque como justificación el argumento de que la ordenanza metropolitana regularizaría negocios que habían estado funcionando al margen de las normas municipales, cuando solo cabía hacer cumplir la ley.
Lo sucedido con Miraflores es una señal de alerta para fiscalizar a las autoridades municipales, de modo que no se dañe la calidad de vida del vecindario.
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